martes, 20 de abril de 2010
Zeitgeist - - opinión
domingo, 18 de abril de 2010
La Teoría del Caos
Normalmente nunca se piensa en las verdaderas repercusiones que tienen ciertas acciones, por pequeñas que estas sean. Es difícil pensar que nuestro actuar tienen repercusiones en el universo, por ejemplo: una decisión sencilla durante el día, cambia el contexto de los que viven a mi alrededor y estos cambian el contexto de terceras personas, generando una cadena de acciones, de las cuales no tenemos control. De eso trata la Teoría del caos.
Como los efectos no son inmediatos, y se dan a través del tiempo, un pequeño cambio en la historia, podría generar realidades distintas. De ahí el nombre del efecto mariposa, que proviene de la frase: “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.
A partir de estos postulados se han escrito libros, se han hecho películas. En cierta medida contradice la Teoría de la Atracción, ya que si somos capaces de atraer las cosas con nuestro pensamiento, estaríamos cambiando la realidad futura, por lo que estaríamos condicionando la realidad de las personas y los seres que existan en ese momento, y por lo tanto esas personas no estarían en capacidad de atraer con sus pensamientos lo que consideren mejor, ya que dicha realidad, está en función de acciones pasadas, no sólo de hechos grandes, sino de circunstancias muy pequeñas, según la Teoría del Caos. Por supuesto que las personas futuras no sabrán exactamente qué circunstancias crearon su realidad, por lo que podría pensarse que dirigirán su pensamiento de acuerdo al momento presente. Por lo tanto sería correcto pensar que la Teoría de la Atracción (momento dado), depende de la Teoría del Caos y viceversa.
Lo rescatable para efectos analíticos, es entender que todo ser, toda persona deja su huella, en la realidad de muchos en el futuro, y que las repercusiones de estas, pueden generar eventos de gran envergadura. Es decir, nada está escrito en nuestras vidas.
El empujón intuitivo
domingo, 11 de abril de 2010
Origen y futuro de las sociedades: el instinto
No se han preguntado, ¿cómo desembocamos en este momento?; ¿qué ha hecho el ordenamiento del mundo tal y como lo conocemos?; ¿qué ha hecho evolucionar nuestro pensamiento? Son interrogantes que probablemente se contesten a manera personal, de acuerdo a diferentes convicciones o visiones de mundo, siendo éstas conclusiones completamente correlacionadas al tipo de sociedad que pertenezcamos. Es precisamente este ejercicio filosófico, al cual nos invita la película Baraka (1992), dirigida por Ron Fricke. En lo personal la secuencia de imágenes implica un razonamiento acerca de lo que éramos y lo que actualmente somos, es decir, me planteo un problema acerca de la naturaleza humana.
Como hipótesis central, considero que la película hace una clara denuncia en contra del desconocimiento de nuestra propia naturaleza, del irrespeto a nuestros orígenes, de maltrato a nuestra integridad que está intrínsecamente relacionado con el resto del planeta. Es decir una negación a nuestras raíces, a que somos parte del entorno y a que actuamos gracias al instinto.
El director de dicha película, debió hacer una profunda investigación, que incluye área biológica, geográfica, antropológica y sociológica; para plantear el problema central de la misma. El sólo hecho de capturar la secuencia de imágenes, y presentarlas de manera tal, que no sólo tenga un hilo conductor sino que invite a la reflexión y que promueva en nosotros la creación de una perspectiva diferente a la que estamos acostumbrados diariamente, conlleva un minucioso e ingenioso trabajo.
El filme, es un filme de contrastes. El director se vale de los contrastes para contar su historia. Estamos completamente acostumbrados a ver muchas de las imágenes que se proyectaron, pero cuando las mismas son contrastadas con otras, toman un profundo significado. En lo particular, considero que el mundo está lleno de contrastes. Los humanos hemos creado varios mundos en uno sólo, lo que me hace pensar, que nosotros, todos seres humanos, debemos tener un denominador común, un punto de encuentro, donde nos conectamos o comunicamos sin los constructos sociales habituales; para mi este factor corresponde al instinto.
Precisamente, la negación del instinto, de nuestra naturaleza, hace que nosotros mismos desvirtuemos nuestra existencia y que pongamos en peligro el instinto primordial, que es el de preservación de la vida. No es difícil apreciar en las imágenes contrastadas, que nosotros mismos hemos atentado contra nuestra existencia, haciendo alusión al deplorable estado natural-ambiental del planeta en nuestros días. ¿No es esa una trasgresión a nuestro instinto?, o más importante aún ¿por qué nos negamos a despertar? Bueno la respuesta no es única y no es definitiva, pero tiene que ver con los constructos sociales que nos han impuesto, a una negación de la realidad y a la incapacidad de observar en otras culturas (grupos que no han sido completamente permeados por alguna sociedad “contemporánea”) las valiosas perspectivas, que ayudarían a reflejar otra visión de mundo. Es interesante observar, como algunos de estos grupos están mezclados con el entorno de manera integral, son parte de, y con esto hacen caso a su instinto.
Entonces es así como se definen dos frentes opuestos en la película. El primer, que está inmerso en su propia naturaleza y que sigue a su instinto; el segundo, el que lo desconoce, lo cual no significa que no lo tenga. En el primero están todas las imágenes de la naturaleza: montañas, valles, cataratas, selva, mar, las aves, los monos, los indígenas, las danzas ancestrales, la quietud, los ritos… y en el otro bando las grandes urbes, su hacinamiento, la contaminación, deforestación, pobreza, la aceleración, el ritmo de vida, el estrés diario, la basura…
Este análisis conlleva a pensar que lo que nos ha conducido, en general, a la situación de insostenibilidad global, es olvidarnos de quiénes somos en realidad y qué es lo que valemos. Esta negación a nuestra propia supervivencia está poniendo en jaque la continuidad de nuestra especie y de muchas otras en la Tierra. Además, no sólo estamos construyendo nuestra propia tumba, sino que en el proceso construimos la de las generaciones venideras, mismas que van a estar obligadas a reinventarse y a reconocer su instinto.
Es importante recalcar que el proceso de desnaturalización ha sido doloroso. En la película se hicieron tomas de restos de civilizaciones antiguas que por diversos motivos o con el ideal de una homogenización de la cultura, fueron borradas del mapa o inmersas en la corriente que nos ha llevado hasta nuestros días. Dicha corriente nos ha hecho infelices, la esclavitud moderna al trabajo y a la acumulación de bienes, por ejemplo, es un claro ejemplo de inconformidad con lo que valemos por nosotros mismos. Quisiera destacar la inquietante metáfora que se hace en una ocasión en el filme, cuando se aprecian muchos edificios de gran tamaño, hacinados, habitados por gente de escasos recursos y su contraparte, un cementerio, donde las bóvedas son de varios niveles, aduciendo al hacinamiento de las ciudades.
Pero ¿qué hacer ante un mundo cargado de constructos artificiales?, bueno en realidad es una cuestión de conciencia. Lo más probable es que los seres humanos empecemos a cambiar cuando nos afecte dicha situación a manera personal y directa, medida que dicho sea de paso, es consecuencia de los mismos constructos sociales de indiferencia o negación de la realidad, propia de la corriente mencionada más arriba.
